Nuestra experiencia de validación de hipótesis
Trabajamos con osteópatas equinos, pues no disponíamos de laboratorio de investigación ni, sobre todo, habíamos encontrado herramientas para validar nuestra hipótesis intuitiva. Tuvimos que elaborar nuevas técnicas para que el jinete pudiera hacer rendir a su caballo sin gestos parásitos, a fin de sublimar sus movimientos.

Durante la doma de nuestros caballos decidimos trabajar con básculas de equipaje, para verificar las variaciones de tensión de nuestras acciones, y las registramos. Estábamos a principios de los años 2000 y ese trabajo era entonces mucho menos común que hoy.

Comprobamos que, si solo hacíamos movimientos verticales con las manos siempre juntas, el caballo no se apoyaba nunca, y sin embargo el control del aire era tan eficaz que los aires de alta escuela como el piaffé y el passage se volvían evidentes para nuestros caballos, y las transiciones adquirían una fluidez sin dificultad. El caballo debía trabajarse en la verticalidad y no en la horizontalidad. La verticalidad ofrecía una mayor libertad de las espaldas y, por tanto, más expresión en su horizontalidad.

Como la verticalidad nos procuraba un equilibrio nuevo, ya no podíamos girar enganchando la boca. Hubo que comprender y descubrir otro modo de girar sin romper la verticalidad. Estando el caballo en equilibrio como una bailarina sobre sus puntas, el menor movimiento del busto desencadenaba un desequilibrio difícil de gestionar.

Tras algunos replanteamientos, me pareció más juicioso separar el control y el frenado del caballo de la manera de hacerlo girar. Estando sobre el sistema de locomoción con un equilibrio estable, me pareció interesante analizar el hecho de que el busto adquiría una fuerza multiplicada, y que debía buscar por esa vía. Puesto que el caballo se desplaza con facilidad mediante un desequilibrio lateral, se me ocurrió la idea de hacer pivotar mi columna vertebral y de utilizar mis hombros como brazo de palanca, tensando el busto.

Los resultados no se hicieron esperar y, con mi formación de judoka, ese movimiento se parecía a una acción de judo llamada « taï sabaki », que hace pivotar todo el cuerpo hacia el lado para evitar un golpe, o para evitar que alguien nos agarre por la ropa. Tras algunos meses de trabajo la técnica tomó forma, y hoy la enseñamos con muy buenos resultados. Nuestros alumnos lograban fácilmente, tras algunos cursillos, poner al caballo en verticalidad y conservar esa verticalidad en voltas cerradas sin ninguna pérdida de equilibrio.

Tras años de práctica, y no creando este método ninguna tensión dolorosa para el caballo, pudimos después subir en potencia y entrenar caballos que responden instantáneamente y que siguen las indicaciones del jinete compañero con la rapidez y la descontracción de un bailarín.

Utilizamos además una cámara térmica para ver las tensiones que hacíamos sufrir a nuestros caballos. Si deseábamos convertirnos en una parte de nuestros caballos, teníamos que actuar con ellos, nunca contra ellos. Debíamos cambiar de paradigma: ya no debíamos comunicar una orden o una demanda a nuestros caballos, sino comulgar con ellos. Si así era, entonces nunca los pondríamos en sobrecalentamiento.

Estábamos confiados, divertidos como niños, pese al deseo evidente de que la prueba se hiciera. Aquel día descubrimos la fuerza de la verticalización. Nos permitía domar caballos complicados y poderosos sin tener que pelear; teníamos el medio de controlar al caballo sin contrariarlo. La verticalización nos permitía gestionar el equilibrio, lo que nos facilitaba la subida en potencia en los aires del caballo.

La verticalización y el equilibrio por un lado, y la separación del control de la velocidad y de la dirección por otro, nos daban las herramientas para alcanzar el más alto nivel de doma. Conseguíamos separar la dirección de los frenos.

La direction

Le contrôle

Les centres de gravité - l'Equilibre

L'outil

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