La fisiología equina
Los jinetes no profesionales que encontraba me mostraban que a menudo compartían lo que yo sentía. Seguí trabajando la doma con mi compañera; actuábamos en espectáculos, domábamos caballos y dábamos clases.

Fue sobre el terreno donde pusimos en marcha nuestro proyecto: liberar el cuerpo de los caballos para que el rendimiento deportivo estuviera al servicio de una emoción y no fuera un fin en sí mismo.

Para ello había que respetar la integridad de nuestros caballos; y sin embargo constatábamos problemas sistemáticos en los caballos de nuestros alumnos, y en todos los niveles de competición. Muchos de nuestros alumnos tenían caballos con cojeras anteriores o posteriores, y el osteópata debía aliviar a menudo problemas cervicales altos o bajos en los caballos que encontrábamos.

Deseosos de mejorar el rendimiento de nuestros alumnos, buscamos en un primer momento de dónde procedían esas lesiones, pues, aunque parecían crónicas en los caballos en trabajo, no parecían tan frecuentes en los caballos en manada en el prado. Nos parecía que los ejercicios, o la técnica ecuestre, podían ser la causa; y ningún jinete desea hacer sufrir a su caballo para rendir.

Tuve que comenzar mis investigaciones elaborando una revisión de la literatura que cruzaba los datos de fisiología, de osteopatía y de traumatología equina.

Y ahí me vi, sumergido en las obras de medicina veterinaria.
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