La equitación, y la doma en particular, se basan en una experiencia sensible. La doma, tal como la entendemos, tiene una dimensión artística. Es decir que una bella ejecución hace obra, aporta un plus a la vida. El trabajo filosófico en torno al arte siempre ha sido ahondado por los fenomenólogos: hablan de la experiencia vivida sin apriori teórico y se interesan por el encuentro de los cuerpos con el mundo.
Nuestro punto de partida es el análisis de un hecho fenomenológico, de una experiencia existencial: puso de manifiesto el encuentro con esa dimensión artística de la doma, y eso nos animó a emprender la investigación.
Necesitábamos un método fiable para comprender cómo favorecer la aparición de los estados de gracia en nuestra disciplina.
Optamos por llevar nuestra indagación en forma de investigación-acción. Es decir que seguimos paso a paso las etapas de una verdadera investigación universitaria:
— establecer una constatación sobre el terreno,
— plantear nuestras hipótesis de trabajo,
— realizar una indagación minuciosa en la literatura científica, para proponer finalmente protocolos que pusieran a prueba nuestras hipótesis.
Pensamos que si el caballo es libre de moverse y si se facilita la comunicación entre los cuerpos del jinete y del caballo, entonces ambos podrán bailar juntos. Había que liberar los cuerpos de los caballos para que el rendimiento deportivo estuviera al servicio de una emoción, y no fuera un fin en sí mismo. Es, por tanto, un nuevo paradigma el que deseamos ver nacer en nuestra relación con la doma y con los caballos. ¡Y es precisamente lo que hemos demostrado!
Había que comprender el cuerpo del caballo y comprender en qué medida el cuerpo del jinete puede ser un obstáculo. Esa fue nuestra primera indagación de campo.
Después, a través de nuestra experiencia como entrenadores, comprendimos que el cuerpo del jinete comprende por sí mismo, y nos volcamos en los trabajos de Varela y Moragues sobre la cognición encarnada. En efecto, el cuerpo posee su propia inteligencia, y hacerle experimentar, sentir y vivir es mucho más eficaz que explicárselo con palabras. Desde entonces pusimos en marcha nuevas herramientas para ayudar a los jinetes.